Masticada diaria

  • Christina Koch rompe el último techo de cristal del espacio como astronauta

La historia del espacio acaba de cambiar de rumbo. Christina Koch se convirtió en la primera mujer en viajar a la Luna como parte de la misión Artemis II de la NASA, que despegó el 1 de abril de 2026 y marca el regreso de la exploración tripulada lunar tras más de 50 años. No es un gesto simbólico vacío: Koch llega con una trayectoria sólida, incluyendo un récord de 328 días en el espacio y su participación en la primera caminata espacial exclusivamente femenina en 2019. La misión no aterrizará en la superficie, pero orbitará la Luna como parte de un programa más amplio que busca sentar las bases para futuras misiones a Marte. El dato es contundente: desde 1972 ningún humano había regresado a la órbita lunar, y en toda la historia de las misiones Apollo ninguna mujer había formado parte de ese viaje. Pero el espacio nunca ha sido solo ciencia. Es también política, poder y narrativa global. Quién llega, cómo llega y a quién representa importa tanto como la misión misma. Y en ese tablero, la presencia de Koch rompe un techo que llevaba más de medio siglo intacto. Porque no se trata solo de llegar a la Luna… sino de quién puede hacerlo. Y como siempre, hay dos formas de verlo: tragarse la hazaña tecnológica… o masticar lo que significa en términos de poder, historia y representación. Porque tragártela es fácil… masticar el fondo es otra cosa.


  • Nearshoring sí, pero no para todos: México es clave, pero la brecha digital lo puede frenar

México está en el centro del mapa global gracias al nearshoring, pero no todos están invitados a la fiesta. Mientras el país se consolida como un socio estratégico para empresas que buscan acercarse a Estados Unidos, el Foro Económico Mundial advierte que la brecha digital puede convertirse en el principal freno para aprovechar esta oportunidad. El problema no es menor: aunque más del 70% de los hogares tiene acceso a internet, en zonas rurales la conectividad sigue siendo limitada, dejando fuera a millones de personas de la economía digital. Y ahí está la contradicción. El nearshoring no solo requiere fábricas, requiere talento, tecnología y acceso, y eso no está distribuido de manera equitativa en el país. El resultado es un modelo que puede crecer… pero no necesariamente incluir. Regiones industriales avanzan mientras otras quedan rezagadas, replicando una desigualdad que no es nueva, pero sí cada vez más visible. Porque la pregunta ya no es si México puede atraer inversión, sino quién realmente se beneficia de ella. Y como siempre, hay dos formas de verlo: tragarse la narrativa del éxito… o masticar quién se queda fuera. Porque tragártela es fácil… masticar el fondo es otra cosa.


  • “Muskismo”: la promesa de libertad que te vuelve dependiente de un solo hombre

El futuro ya tiene nombre y no es neutral: “muskismo”. Un análisis reciente de Jacobin plantea que Elon Musk no es solo un empresario, sino el símbolo de una nueva etapa del capitalismo donde la tecnología promete libertad mientras concentra poder. La idea central es seductora: soberanía a través de la tecnología. Que individuos y países puedan ser más independientes gracias a sistemas como Starlink, Tesla o SpaceX. Pero el problema es que esa independencia depende de conectarse a infraestructuras privadas controladas por una sola empresa —o incluso una sola persona. El contraste con el pasado es claro: si el Fordismo del siglo XX buscaba expandir la producción y el consumo a gran escala, el muskismo del siglo XXI reorganiza el poder en torno al control de sistemas tecnológicos estratégicos. No se trata solo de innovar, se trata de volverse indispensable. Y ahí está la trampa: lo que se vende como autonomía puede terminar siendo dependencia. Porque el futuro no solo se está construyendo… se está concentrando. Y como siempre, hay dos formas de verlo: tragarse la promesa tecnológica… o masticar quién controla realmente el mundo que viene. Porque tragártela es fácil… masticar el fondo es otra cosa.