Masticada Diaria
Aprueban Plan B electoral muy debilitado de Sheinbaum
La reforma electoral de Sheinbaum sí pasó, pero muy lejos de como la habían planteado. La Cámara de Diputados aprobó en lo particular el llamado Plan B impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, después de más de 15 horas de debate marcado por acusaciones y confrontación política. El resultado es una reforma acotada: recortes a presupuestos de congresos locales, reducción de salarios de funcionarios electorales y límites al número de regidores municipales. Nada que transforme de fondo el sistema electoral, pero sí ajustes que apuntan a la austeridad. El contexto lo explica todo. La propuesta original fue rechazada por falta de votos, incluso entre aliados, y obligó a replantear la estrategia hacia cambios que pudieran aprobarse con mayoría simple. Es decir, no es la reforma que querían… es la que alcanzó. Y ahí está el punto: más que una transformación del sistema, lo que vimos fue una negociación política que deja intactas muchas de las reglas del juego rumbo a 2027. Porque al final, en política no siempre pasa lo que se propone… pasa lo que se puede. Y como siempre, hay dos formas de verlo: tragarse la reforma como un cambio de fondo o masticar lo que realmente es: un ajuste limitado en medio de una disputa mayor. Porque tragártela es fácil… masticar el fondo es otra cosa.
La inflación vuelve a subir: comer y moverse en México cada vez cuesta más
La inflación volvió a subir y ya se siente en lo más básico. En marzo de 2026, el índice de precios en México alcanzó 4.59% anual, impulsado principalmente por el encarecimiento de alimentos y energía. El dato confirma lo que muchos ya perciben en la calle: comer y moverse cuesta más. Productos como el jitomate, el pollo y las verduras registraron aumentos importantes, mientras que los energéticos siguen presionando el gasto diario de las familias. El problema no es solo que los precios suban, sino cómo suben. Porque cuando lo que más se encarece es lo esencial, el impacto no es igual para todos. Las familias con menores ingresos destinan una mayor parte de su dinero a alimentos, por lo que resienten más cada aumento. A esto se suman factores globales, como la tensión en Medio Oriente que eleva los costos energéticos, creando un escenario donde la inflación ya no es coyuntural, sino persistente. Y ahí está el punto: no es solo una cifra… es una presión constante sobre el día a día. Y como siempre, hay dos formas de verlo: tragarse el dato de inflación o masticar lo que significa para el bolsillo de millones. Porque tragártela es fácil… masticar el fondo es otra cosa.
OCDE pide quitar subsidios a gasolinas aunque suban los precios
La gasolina barata tiene fecha de caducidad. La OCDE acaba de pedir a los gobiernos retirar rápidamente los recortes a impuestos sobre combustibles que se implementaron durante la crisis energética, argumentando que se han vuelto demasiado costosos y poco efectivos. Estos apoyos, diseñados para contener el impacto en los precios, hoy representan un gasto fiscal importante y, en muchos casos, benefician más a quienes consumen más combustible que a quienes realmente lo necesitan. El problema es que el momento no podría ser más complicado. Con la guerra lanzada de Estados Unidos e Israel sobre Irán presionando los precios del petróleo y la inflación todavía alta, quitar estos subsidios implicaría un aumento directo en el costo de la gasolina. Pero mantenerlos también tiene consecuencias: más presión sobre las finanzas públicas y menos espacio para otros gastos. Y ahí está el dilema. Porque la gasolina nunca fue realmente barata, solo estaba subsidiada. Y cuando ese subsidio desaparece, el costo real aparece. Además, estos apoyos no solo impactan las finanzas, también retrasan la transición hacia energías más limpias al incentivar el uso de combustibles fósiles. Así que la pregunta ya no es si se van a quitar… sino quién va a absorber el golpe cuando eso pase. Y como siempre, hay dos formas de verlo: tragarse el precio en la bomba… o masticar quién está pagando realmente la gasolina. Porque tragártela es fácil… masticar el fondo es otra cosa.



