Masticada diaria
Barcelona se vuelve fiesta progresista: “la vergüenza cambia de bando”
Barcelona no solo fue sede de una cumbre, fue escenario de una narrativa. El 17 y 18 de abril de 2026, más de 3,000 —y hasta 5,000— líderes, activistas y representantes de más de 40 países se reunieron en la Global Progressive Mobilisation para intentar reorganizar a la izquierda global frente al avance de la ultraderecha. Con figuras como Pedro Sánchez, Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, el encuentro combinó debates sobre democracia, desigualdad y cambio climático con un ambiente que rozó lo simbólico y lo festivo. Consignas como “no pasarán” y mensajes que apuntaban a que “la vergüenza cambia de bando” marcaron el tono de una cumbre que no solo buscó proponer ideas, sino también recuperar el terreno moral en la discusión global. Pero ahí está el reto: convertir la emoción en política real. Porque en 2026, la política ya no solo se argumenta… se escenifica. Y como siempre, hay dos formas de verlo: tragarse la cumbre como entusiasmo colectivo… o masticar lo que realmente es: una batalla global por quién controla la narrativa. Porque tragártela es fácil… masticar el fondo es otra cosa.
“Unirse o desaparecer”: el llamado global del progresismo en Barcelona para construir el futuro
La izquierda global empieza a decirlo sin rodeos: o se une, o pierde. En abril de 2026, Zohran Mamdani lanzó un llamado directo a líderes progresistas para construir un frente común capaz de enfrentar los retos del presente y definir el futuro. El mensaje no surge en el vacío. Llega en un contexto de fragmentación interna, avance de la derecha y falta de narrativa compartida. Espacios como la Progressive International —que reúne a más de 100 organizaciones en todo el mundo— ya llevan años intentando articular esa unidad, pero el reto sigue siendo enorme. Porque no basta con resistir, hay que proponer. No basta con criticar, hay que construir. Y ahí está el punto: la izquierda enfrenta no solo a sus adversarios, sino también sus propias divisiones. En un mundo donde el poder se organiza a escala global, la desarticulación se paga caro. Y como siempre, hay dos formas de verlo: tragarse el discurso como otro llamado más… o masticar lo que realmente es: una advertencia sobre quién va a construir el futuro. Porque tragártela es fácil… masticar el fondo es otra cosa.
Congreso "Fearless" de “masculinidades” en Jalisco desata denuncia: acusan uso de dinero público y discursos de odio
La pelea ya no es silenciosa, es frontal. En Guadalajara, un congreso de masculinidades realizado del 17 al 19 de abril de 2026 detonó una denuncia de más de 140 organizaciones feministas por el presunto uso de recursos públicos y la promoción de discursos de odio. El dato que encendió todo: un apoyo de 400 mil pesos provenientes del Ayuntamiento para un evento privado con boletos que alcanzan casi los 7,500 pesos. Todo esto en un contexto donde la violencia de género sigue siendo una crisis estructural en México, con cientos de mujeres asesinadas y miles de llamadas por violencia doméstica en apenas meses. El evento, con figuras conservadoras y religiosas, plantea una narrativa de “crisis de la masculinidad”, mientras del otro lado se denuncia un retroceso en derechos y una violación al Estado laico. Y ahí está el fondo: esto no es solo un congreso, es una batalla cultural abierta. Porque ya no se discute solo la política… se discute el sentido mismo de la identidad. Y como siempre, hay dos formas de verlo: tragarse el evento como un debate más… o masticar lo que realmente es: una disputa por quién define el orden social. Porque tragártela es fácil… masticar el fondo es otra cosa.



