Masticada diaria

  • La vigilancia con IA no detectó las trampas: aspirantes exhiben las fallas del examen de admisión de la UNAM


La crisis del examen de admisión de la UNAM dejó de ser una discusión sobre estadísticas atípicas para convertirse en un cuestionamiento directo al sistema de vigilancia que debía garantizar la integridad del proceso. Aspirantes que presentaron la primera prueba de ingreso completamente en línea relataron que los controles basados en inteligencia artificial fueron insuficientes, inconsistentes y, en algunos casos, prácticamente inexistentes, lo que habría facilitado que algunos sustentantes recibieran ayuda externa sin ser detectados.

Varios jóvenes aseguraron que durante el examen pudieron levantarse de su lugar, salir momentáneamente del encuadre de la cámara, consultar otros dispositivos o incluso recibir apoyo de terceros sin que el sistema emitiera alertas o cancelara la evaluación. Otros afirmaron que las advertencias aparecían por movimientos menores, mientras conductas mucho más relevantes pasaban inadvertidas. Para ellos, el problema no fue únicamente que algunas personas hicieran trampa, sino que el mecanismo de supervisión nunca ofreció garantías suficientes para evitarlo.

Las declaraciones coinciden con el creciente número de análisis estadísticos que detectaron comportamientos inusuales en los resultados del concurso de selección. Especialistas observaron un incremento sin precedentes en las calificaciones más altas, particularmente en carreras de alta demanda como Medicina y Derecho, así como una distribución de puntajes distinta a la registrada en procesos anteriores. Aunque esos datos no constituyen una prueba individual de fraude, sí encendieron las alarmas sobre la confiabilidad del primer examen virtual aplicado por la Universidad Nacional.

La controversia llevó a la UNAM a suspender temporalmente las inscripciones de nuevo ingreso y a instalar una comisión técnica integrada por especialistas que deberá determinar si los resultados pueden validarse, si es posible identificar únicamente los casos irregulares o si resulta necesario repetir el examen. La decisión afectará a cerca de 158 mil aspirantes y pondrá a prueba la credibilidad del sistema de admisión de la universidad más importante del país.

Mientras tanto, el debate también alcanzó el terreno jurídico. Diversos especialistas consultados advirtieron que la normatividad universitaria no contempla expresamente el uso de inteligencia artificial como causal para anular un examen, lo que deja a la institución frente a un vacío regulatorio. En otras palabras, el problema ya no es únicamente tecnológico: también es normativo. Las reglas fueron diseñadas antes de que herramientas capaces de responder prácticamente cualquier pregunta en tiempo real estuvieran al alcance de millones de estudiantes.

El caso evidencia un desafío que rebasa por mucho a la UNAM. Durante décadas, los exámenes de admisión partían de un supuesto básico: que la persona evaluada estaba sola frente a una hoja de respuestas. Hoy ese supuesto ha desaparecido. Una computadora conectada a internet puede convertirse, al mismo tiempo, en el instrumento para presentar la prueba y en la puerta de entrada a asistentes de inteligencia artificial, buscadores o incluso personas que respondan el examen desde otro lugar.

Desde una perspectiva Chiclosa, el verdadero error no fue apostar por un examen en línea. La digitalización de los procesos educativos era inevitable y probablemente seguirá avanzando. El problema fue asumir que bastaba con incorporar inteligencia artificial para vigilar un examen sin rediseñar por completo el modelo de evaluación. La tecnología cambió mucho más rápido que las reglas encargadas de supervisarla.

Eso obliga a replantear una pregunta mucho más profunda que la de si debe repetirse o no este concurso de selección. ¿Cómo evaluaremos el conocimiento en un mundo donde la inteligencia artificial forma parte de la vida cotidiana? La respuesta difícilmente consistirá en prohibir estas herramientas. Más bien implicará diseñar evaluaciones capaces de medir razonamiento, criterio y creatividad, competencias que seguirán siendo humanas incluso cuando la IA acompañe cada vez más el aprendizaje.

Lo que ocurra en la UNAM sentará un precedente para todo el sistema de educación superior mexicano. La decisión que adopte la comisión técnica no sólo definirá el futuro inmediato de miles de aspirantes; también marcará la manera en que las universidades enfrentarán uno de los mayores retos de esta década: preservar la confianza en el mérito académico en la era de la inteligencia artificial.


  • Sheinbaum ofrece apoyo a la UNAM, pero insiste en respetar su autonomía ante la crisis por el examen de admisión


La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró este martes 29 de julio que el Gobierno de México está dispuesto a apoyar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la investigación sobre las presuntas irregularidades detectadas en su examen de admisión a licenciatura, siempre que la propia institución lo solicite. La mandataria subrayó, sin embargo, que corresponde exclusivamente a la universidad, por su carácter autónomo, determinar cómo resolverá la validez del proceso y qué medidas adoptará para garantizar certidumbre a los más de 158 mil aspirantes que participaron en el concurso de selección.

Durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, Sheinbaum descartó que exista una "mala intención" por parte de la UNAM en la organización del examen y consideró que el problema debe entenderse en el contexto de una transformación tecnológica que ha rebasado los mecanismos tradicionales de evaluación. "El gobierno puede apoyar en lo que requiera la universidad", señaló, al tiempo que recordó que cualquier decisión sobre repetir o validar el examen corresponde a las autoridades universitarias.

La controversia comenzó el pasado 17 de julio, cuando la UNAM publicó los resultados del primer examen de admisión completamente en línea de su historia. En los días posteriores, especialistas en estadística y ciencia de datos detectaron patrones atípicos en los puntajes, particularmente un incremento inusual de calificaciones perfectas y de resultados extraordinarios en carreras de alta demanda como Medicina. Paralelamente, aspirantes denunciaron en redes sociales el posible uso de inteligencia artificial y ayuda externa durante la aplicación de la prueba.

Ante las denuncias, el rector Leonardo Lomelí Vanegas ordenó la creación de una Comisión Técnica integrada por 16 especialistas para revisar el proceso de admisión, analizar las evidencias tecnológicas y determinar si las anomalías pueden identificarse de manera individual o si resulta necesario adoptar medidas más amplias, incluida la posibilidad de repetir el examen. Mientras tanto, la universidad suspendió temporalmente las inscripciones de nuevo ingreso para evitar afectar a estudiantes cuyos resultados aún se encuentran bajo revisión.

No es la primera vez que la presidenta se pronuncia sobre el tema. Desde el 22 de julio, Sheinbaum había señalado que las irregularidades probablemente no obedecían a una falla deliberada de la universidad, sino a que el diseño del examen no anticipó el impacto que herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT tendrían sobre un proceso de evaluación remota. También advirtió que la educación en todo el mundo tendrá que replantear la forma en que mide el aprendizaje de los estudiantes.

En esta ocasión, la mandataria fue un paso más allá al señalar que, si la investigación concluye que se cometió algún delito —ya sea por fraude, filtración de información o participación de terceros—, la Fiscalía General de la República podría intervenir, aunque únicamente si la propia UNAM decide presentar una denuncia. De lo contrario, el caso permanecerá dentro de los mecanismos de gobierno y disciplina de la institución.

El gobierno federal también buscó enviar un mensaje de tranquilidad a quienes hoy viven en la incertidumbre. Sheinbaum recordó que existen otras opciones públicas de educación superior, como la Universidad Nacional Rosario Castellanos y otras instituciones federales, aunque reiteró que la prioridad es que la UNAM resuelva cuanto antes la situación para evitar afectar el proyecto de vida de miles de jóvenes que esperan iniciar clases en agosto.

Desde una perspectiva Chiclosa, esta crisis vuelve a poner sobre la mesa un debate que rebasa por mucho a la UNAM. Durante años se presentó la inteligencia artificial como una herramienta capaz de hacer más eficientes los procesos educativos. Sin embargo, la discusión de las últimas semanas demuestra que la tecnología, por sí sola, no garantiza confianza. Cuando las reglas de evaluación siguen diseñadas para un mundo previo a la IA, la innovación puede terminar debilitando aquello que pretendía fortalecer: la credibilidad del mérito académico.

También deja una lección para las instituciones públicas. La respuesta no puede ser demonizar la inteligencia artificial ni regresar automáticamente a los exámenes en papel. Tampoco basta con incorporar sistemas de vigilancia automatizados sin comprender sus límites. El verdadero desafío consiste en rediseñar la manera en que evaluamos el conocimiento en una época donde el acceso a herramientas inteligentes será tan cotidiano como hoy lo es una calculadora o un buscador en internet.

Lo que decida la Comisión Técnica de la UNAM marcará un precedente para todo el sistema de educación superior mexicano. No sólo porque definirá el futuro inmediato de miles de aspirantes, sino porque obligará a universidades, gobiernos y docentes a responder una pregunta que ya no admite demora: ¿cómo preservar la confianza en los procesos de evaluación cuando la inteligencia artificial ha cambiado para siempre la forma de aprender?


  • La verdadera crisis de la UNAM no es el fraude: es la confianza en el mérito


El próximo 10 de agosto debería comenzar el ciclo escolar 2026-2027 en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sin embargo, a menos de dos semanas del arranque de clases, más de 158 mil aspirantes siguen sin saber si el examen que presentaron será válido. La razón es una crisis sin precedentes: por primera vez desde que la universidad aplicó un examen de admisión completamente en línea, existen indicios de que un número indeterminado de aspirantes pudo haber utilizado herramientas de inteligencia artificial u otras formas de apoyo externo para obtener mejores resultados. La decisión que tome la UNAM en los próximos días no sólo definirá el futuro de quienes buscan ingresar este año; también podría transformar la manera en que las universidades mexicanas evalúan el acceso a la educación superior.

Para entender la dimensión del problema hay que regresar algunos meses. Entre el 23 de mayo y el 10 de junio, la UNAM realizó por primera vez en su historia el examen de selección para licenciatura completamente a distancia. El cambio buscaba facilitar la participación de aspirantes de todo el país y reducir costos logísticos. La aplicación fue supervisada mediante una plataforma tecnológica operada por la empresa Territorium Life, que combinó reconocimiento facial, monitoreo remoto, inteligencia artificial, grabación de audio y video, bloqueo de aplicaciones y revisión humana de alertas. Durante la aplicación, la universidad informó que cientos de aspirantes fueron separados del sistema por detectar conductas irregulares y aseguró que la plataforma había funcionado sin incidentes mayores.

La situación cambió el 17 de julio, cuando se publicaron los resultados. Investigadores, docentes y especialistas comenzaron a detectar algo inusual: carreras históricamente muy competidas, como Medicina y Derecho, registraban un número extraordinario de puntajes casi perfectos. Al mismo tiempo, en redes sociales aparecieron testimonios de jóvenes que presumían haber utilizado ChatGPT, asistentes de inteligencia artificial o incluso terceras personas para resolver el examen. Ninguno de esos casos prueba por sí mismo un fraude generalizado, pero juntos fueron suficientes para poner en duda la integridad del proceso.

La respuesta institucional llegó el 21 de julio. El rector Leonardo Lomelí Vanegas ordenó integrar una Comisión Técnica de especialistas para revisar el procedimiento completo, analizar los datos del concurso y emitir recomendaciones. Desde entonces, la UNAM suspendió las inscripciones de nuevo ingreso y dejó claro que ninguna alternativa está descartada: validar los resultados, anular únicamente los casos que puedan demostrarse irregulares o repetir el examen.

Cada una de esas opciones implica costos enormes. Repetir el examen de manera presencial significaría reorganizar sedes, personal y calendarios, además de obligar a miles de jóvenes que actuaron honestamente a volver a competir por un lugar que consideran legítimamente ganado. Mantener los resultados actuales, en cambio, podría dejar una sombra permanente sobre una generación completa de estudiantes. Y tratar de identificar únicamente a quienes hicieron trampa enfrenta un problema técnico y jurídico: demostrar individualmente el uso de inteligencia artificial resulta mucho más complejo que detectar anomalías estadísticas en conjunto.